La tarde no había sido tan buena hasta hoy. La lluvia me parecía hermosa estando yo dentro, protegido. Ya veo que estuve equivocado. Estar sentados, como dos niños hablando tonterías y comiendo dulce, eso parecía ser algo tan insignificante, hasta hoy. Las mejores gotas de lluvia, los mejores caramelos de fresa y mora azul. Me reí, nos reímos, me miraste y sonreíste, diste sentido a ese momento, vida a esas gotas caídas, me enseñaste el camino a casa. Todo eso, a parte de esas flores, con el mejor aroma que he olido después del de tu cabello. Hiciste de un par de horas la mejor de las tardes, y de unas gotas de lluvia un cálido abrazo. Tus ojos, tu cabeza en mis piernas, mis dedos acariciando tu cara y tu pelo, la brisa de octubre que se deslizaba por nuestra mejillas. Todo era mágico, todo es mágico y lo será, aquel momento que perdura y perdurará, esos dos besos que nunca se nos han de olvidar. La sensación en las yemas de los dedos, d...