¿Recuerdas esa vez en que, se suponía que, no volveríamos a vernos, o incluso a hablarnos? Bueno, para ser claros, una de esas tantas veces, quizás la más real y larga de todas. Se suponía que, ese día, a esa hora, yo estaría en terapia; pero las cosas no salieron como fueron planeadas. Muy bien, aquí viene la anécdota: Un día normal más que otro, entré más temprano a psicología, por lo cual, es obvio que salí más temprano. Tú ibas tarde para clases, como siempre. Yo te espiaría llegar desde la cafetería, nada inusual. Y así lo hice, pero, llegaste tarde, como siempre. Y no muy lejos de ese momento, te vi y entraste a tu aula. Y no muy lejos de ti, yo estaba. Pero, de repente, te vi salir a toda prisa dispuesta a alguna cosa. Sabía que yo solo tenía una salida fácil, y estaba justamente por el camino en el que te fuiste. Esperé unos minutos, eternos, sentado frente a un vaso vacío de capuchino. Pero no pude soportarlo, debía irme, no podía...