Perfecto escenario de mi infortunio



El muro aterciopelado de tu pelo azabache, el fresco aroma del peligro. Tus manos, siempre olían a esmalte de uñas o a la nada. Tus ojos, siempre decían algo menos cuando dormían. Tu boca, callaba, pues, lo que en la mirada gritabas. Tu vientre, perfecto escenario de mi infortunio, la obra dramática del romance a plena luz, detrás de las cortinas.

m.l

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