Y yo vestido de negro

No sé si sea o no oportuno hacer alusión de este recuerdo, pero no me importa. Tú y yo ya no nos hablábamos, pero la madrugada de ese lunes 2 de mayo, a la 1:20am, mandaste un mensaje que me daba la desafortunada noticia de la muerte de tu abuela, que en paz descanse. Asistí al funeral horas más tarde, pues no la conocí, lo hice más bien por ti. Quería apoyarte, expresar cuanto lo sentía, y quizás ser agradable que está de más mencionarlo. Todo ocurrió muy normal, los funerales son todos iguales, o eso creo, pero éste fue particularmente usual. Quería acercarme, demostrar que me importaba, y decirte que la vida seguiría como estaba. Pero todo tiene un final del día y yo debía marcharme. Me pediste un taxi que tardaría un poco más que de costumbre, y te pedí me acompañaras a esperarlo. Quizás no debía, o fue poco prudente, pero no lo siento, quería lo que pedí y no por casualidad. Necesitaba tenerte alejada de toda esa gente, quería y tenía tantas cosas que decirte, cosas nuevas, cosas buenas, cosas malas. Pero malas fueron tus reacciones, mala fue la realidad de mi expectativa. Eras mala tú. Llegué al punto de tragarme los segundos en que el taxi no llegaba al igual que me tragaba mis palabras. Entonces llegó, y me refugié en el cristal que guardó mis lagrimas. Lagrimas que el taxista confundió con duelo, y no era para menos, yo vestía de negro y salía de una capilla funeraria. Le di crédito al incidente para llorar antes de llegar a casa. En silencio, solo, roto y llorando un muerto que no era mío, aunque estuviera vestido de luto.
m.l
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